![]() | No es norma general de estas páginas recomendar libros editados en otros idiomas. Pero si en las manos de uno cae una joya como ésta, que de manera muy improbable llegará a ser traducida pero que gracias a internet está al alcance de cualquier mente inquieta, es difícil resistir la tentación de compartir la experiencia.
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Se puede divulgar acerca de asuntos sobre los que no tenemos el menor interés previo. Pongamos: la computación cuántica aplicada al mundo del ajedrez. Es probable que no hayamos reparado jamás en la existencia de esta disciplina, pero un buen artículo científico sería capaz de alertarnos sobre ella y conmovernos con los avances realizados en el área.Se puede divulgar sobre temas de gran interés general que, además, suscitan un fuerte debate (el clima, las células madre, los alimentos modificados genéticamente). En este caso, la conexión emocional con el lector es más sencilla, pero la buena divulgación no debe olvidarla.Se puede escribir sencillamente sobre el complicado proceso investigador mismo, sobre las herramientas, los laboratorios, los cálculos, los modelos que los científicos utilizan para elaborar sus conclusiones. Es la ciencia que habla de la ciencia, una suerte de metadivulgación que en ningún caso tiene por qué ser aburrida.Se puede aplicar la divulgación científica a áreas de interés que no están directamente relacionadas con la ciencia: ¿qué sabe la física sobre la belleza humana?, ¿cómo se ve un cuadro con los ojos de un químico?, ¿es posible explicar neurológicamente el placer que produce escuchar al llorado Pavarotti cantando "Nessun dorma" en Turandot?…Y, por último, en esta pequeña clasificación de la obra divulgativa, se puede escribir simple y llanamente sobre científicos: sobre sus miserias y sus glorias, sus miedos, sus amores, sus pasiones humanas, sus dudas y sus envidias, sus amores y sus manías…