![]() | Me entero por mi amigo Werner de que ha aparecido un libro, titulado The New Vichy Syndrome, de Theodore Darlymple, que trata de la próxima caída de Roma, en el sentido real y en el figurado. Y la novedad me encuentra con otro libro en las manos: La agonía de Francia, de Manuel Chaves Nogales, un relato en primera persona acerca de todo lo que preparó el advenimiento del régimen de Pétain, es decir, la entrega de Francia a los alemanes.
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La presencia de las tropas inglesas era acogida por las poblaciones civiles sin ningún entusiasmo. Tras los ingleses venían indefectiblemente los bombardeos de los aviones alemanes, y las poblaciones civiles, cuya principal preocupación, casi la única, era esquivar los riesgos y penalidades de la guerra, soportaban mal la presencia de aquellos huéspedes que sistemáticamente concitaban la ira del adversario. "¡Cómo nos van a dejar tranquilos los alemanes si tenemos ingleses en nuestra villa!", se lamentaban aquellas gentes para quienes la guerra no era sino una calamidad que se les venía encima contra todo su deseo y a pesar de todos sus esfuerzos desesperados para eludirla. Oyéndoles, no parecía sino que ingleses y alemanes se peleaban por algo que a los franceses les tenía completamente sin cuidado y habían tenido la desdichada ocurrencia de elegir la tierra de Francia como arena de su combate. Y, como ocurría en el frente, las poblaciones civiles tomaban ojeriza a los ingleses, culpables de las bombas que les caían encima.
Chaves Nogales escribe su crónica en Inglaterra, tras abandonar a toda prisa territorio francés, en mayo de 1940. Murió en Londres en 1944, sin ver el final de la guerra, respecto del cual, sin embargo, había sido optimista porque consideraba que sus taras internas iban a llevar a nazis y comunistas al fracaso. Para lo segundo, hubo que esperar cuarenta años. Pero no vio el final de la guerra. Supongo que llegó a enterarse de la redada del Velódromo de Invierno, de Drancy, de las deportaciones, del deporte nacional francés de la delación. No de quiénes entraron en París, de quiénes habían constituido el núcleo duro de la Resistencia: hubiese estado orgulloso del papel de los españoles en tan tremenda tarea. Por lo que dice en su libro sobre De Gaulle, desconocía el papel de Leclerc. Tampoco presenció el desembarco en Normandía, que tuvo lugar en junio. Probablemente todos esos desconocimientos hagan aún más valioso su libro, en cierto sentido escrito con ingenuidad, con el asombro de un español que ha pasado la primera parte de la Guerra Civil en España y que se ha marchado porque sabe "que el futuro dictador (...) va a salir de un lado u otro de las trincheras" y prefiere no conocerlo. Pocos hombres tan lúcidos: hay que tener presente ese argumento: el triunfo de la República hubiese dado paso a otra dictadura, en nada más aceptable o tolerable que la de Franco.