![]() | Tuve una vez un alumno que, ya a final de curso en la universidad, soltó en clase que José Antonio Primo de Rivera era un liberal. Comprendí entonces varias cosas, alguna de la cuales se pueden contar aquí, como, por ejemplo, lo mal que se conocen las vidas de los liberales históricos (me refiero a los que sí lo fueron). Esta tarea la han emprendido en los últimos años buenos profesionales que proceden en su mayoría, no por casualidad, del campo ideológico progresista, o del centro izquierda, si se prefiere.
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La historiografía de estos últimos treinta años ha sido, en general, muy benevolente con progresistas, republicanos y socialistas, lo que quizá se deba al dominio de un paradigma académico coincidente con esos postulados. Por ejemplo, no es fácil encontrar una biografía crítica, en estos tres decenios, de personajes como Argüelles, Mendizábal, Joaquín María López, Ruiz Zorrilla, Sagasta o Prim, y menos de Pi y Margall o Salmerón. Incluso hay alguno que, historiando la vida de estos personajes, dice que fueron "poco revolucionarios". Parece que el historiador deba tomar partido en el trabajo que hace, y ensalzar a unos y vituperar a otros; a otros que casi siempre son los mismos. Sabemos que el autor queda reflejado en su obra, y que sus palabras no son más que una representación de su visión del mundo. Si progresistas, republicanos y socialistas contribuyeron a constituir la España contemporánea tanto como los diversos grupos de la derecha, somos todos herederos de unos y otros. Esto es así, a no ser que queramos proyectar al pasado pleitos del presente.
Tres de los cuatro presidentes de la República de 1873 tienen un estudio biográfico en este libro. Fernando Martínez López revisita a Nicolás Salmerón. Ángel Duarte reconstruye con mucho acierto la difícil biografía del jefe del Estado que una noche huyó en tren, Estanislao Figueras, señalando el daño que causó este episodio en la credibilidad del republicanismo. Figueras, como ve Duarte, es un ejemplo de la variedad inconsistente de aquel movimiento republicano del XIX. Pere Gabriel condensa la trayectoria de Pi y Margall, y aunque asegura que no va a entrar en el análisis de su actuación y pensamiento, se adentra totalmente, porque Pi careció de vida privada reseñable. A pesar de la calidad del trabajo, albergo serias dudas de que tenga cabida en un volumen titulado Liberales eminentes. Aquel federal no tuvo reparo en su juventud en repetir el lema proudhoniano de "La propiedad es un robo" (con el tiempo, sí, se retractó); y en 1864 encabezó la llamada tendencia socialista del Partido Demócrata. En la Restauración ordenó y templó su pensamiento. Pero Pi y Margall fue un hombre complejo, como muchos del XIX, de ahí que le reclamaran como propio anarquistas, federales, socialistas, catalanistas y hasta los independentistas cubanos, pero nunca los liberales.