![]() | Este es un libro imposible de reseñar en España. Porque lo es comentar y recomendar la lectura de un testimonio crucial de la Shoá a quienes ignoran la mayor catástrofe humana registrada en Europa en el siglo XX. Es uno de los rasgos diferenciales de este país, junto con su pueril antiamericanismo y su antisemitismo troglodita. |
Vuelvo al comienzo: cómo recomendar, en semejante contexto, el excepcional documento que es En el corazón del infierno. Para empezar, diciendo lo que no es. A diferencia de la mayoría de los testimonios de la Shoá, los dos manuscritos que se incluyen en esta edición fueron escritos por un testigo directo que no sobrevivió al Holocausto. Para decirlo con la ya clásica distinción de Primo Levi: su autor fue uno de los testigos que se hundieron, no una de las víctimas que logró salvarse. Esta es la primera y, sin duda, la más espectacular excepcionalidad del documento de Zalmen Gradowki: que lo escribió en el infierno, y no después de haberlo abandonado. Junto con otros miembros del Sonderkommando de Birkenau, Gradowski decidió contar su vida antes y después de su deportación. Todos ellos eran conscientes de que no sólo estaban condenado a desaparecer, como habían desaparecido sus predecesores del comando especial, sino que además tenían el terrible privilegio de ser, junto a los SS, los únicos que conocían de primera mano los principales detalles del proceso de destrucción en su etapa final: el gaseamiento en las cámaras, la retirada de los cuerpos, su incineración, la dispersión de las cenizas.¿Cuáles eran las funciones de los Sonderkommandos? ¿Quiénes los integraban? ¿Durante cuánto tiempo y en qué condiciones operaron? Resumiendo, los Sonderkommandos eran escuadrones especiales de trabajo, destinados a operar en las cámaras de gas y los crematorios. Todos sus miembros eran deportados judíos. Hubo Sonderkommandos en los seis campos de exterminio para judíos construidos en territorio polaco (...). Los de Auschwitz fueron los más numerosos, y uno de ellos protagonizó la única revuelta que se produjo en este campo. Estaban obligados a retirar los cadáveres de las cámaras, limpiarlas y prepararlas para el siguiente gaseamiento, conducir los cuerpos al crematorio anexo y quemarlos. Asimismo, debían dispersar las cenizas en los lugares designados a este efecto. Vivían en régimen de estricto aislamiento respecto de los otros prisioneros del campo. Gozaban del privilegio de una ración extra de comida y, ocasionalmente, bebidas alcohólicas. Periódicamente eran, a su vez, exterminados en las cámaras de gas y reemplazados por otros deportados. En la primavera de 1944, cuando se inició el gaseamiento masivo de los judíos húngaros deportados a Auschwitz, el Sonderkommando de Birkenau estuvo integrado por un millar de hombres que trabajaban en equipos por turnos de doce horas ininterrumpidamente.
Todos los manuscritos hallados fueron enterrados in situ, siendo conscientes sus autores de que ellos mismos estaban destinados a morir en las cámaras de gas y ser reemplazados por nuevos equipos especiales. La mayoría se presenta en estado fragmentario, muy degradado el soporte por las condiciones de conservación hasta su desenterramiento. Tres manuscritos sobresalen por su entidad y calidad de escritura, los debidos a los judíos polacos Zalmen Gradowski, Lejb Langfus y Zalmen Lewenthal. Los tres ingresaron en Auschwitz en diciembre de 1942 y fueron seleccionados para trabajar en el Sonderkommando. Excepcional en este grupo minoritario es el documento elaborado por Zalmen Gradowski, desenterrado el 5 de marzo de 1945 en las excavaciones cercanas al Crematorio III de Birkenau realizadas por una comisión de investigación soviética. Este documento consta de dos manuscritos: un cuaderno de 14,5 x 9,5 cm y 91 páginas numeradas (de las que se ha perdido una docena), y un segundo manuscrito de dos páginas fechadas el 6 de septiembre de 1944. Gradowski, originario de Suwalki, ciudad polaca fronteriza con Lituania, pertenecía a una familia de comerciantes muy religiosos. Ya deportado e integrado en el Sonderkommando, fue un miembro activo del movimiento clandestino de resistencia, y es probable que haya sido asesinado durante la revuelta del Sonderkommando de octubre de 1944. Conviene señalar que los miembros de los Sonderkommandos, lejos de ser las "bestias feroces" a las que se refería Levi en 1945 o aquellos "judíos colaboracionistas" que fustigaba el relato canónico elaborado en Israel después de la guerra , fueron los únicos judíos deportados a Auschwitz-Birkenau capaces de organizar una revuelta en la que perecieron varios SS. La redacción del testimonio personal de sus miembros también se inscribe en una lógica "política", en el sentido más amplio de la palabra: conscientes de su inminente desaparición, hicieron el esfuerzo (sobrehumano, habida cuenta de sus condiciones de vida) de poner por escrito el horror del que eran testigos y del que se les obligaba a ser partícipes, con la expresa voluntad de evitar que todo ello pereciera en el olvido.