![]() | Cuando ven películas como Star Wars, a los físicos les llama la atención la facilidad con que las naves espaciales explotan, generando una formidable deflagración de luces anaranjadas y violetas. Cómo el fuego se expande alrededor de la infortunada nao cósmica, cual bola voraz, hasta iluminar la pantalla entera. Cómo incluso con los ojos cerrados se puede averiguar si nos encontramos ante una escena de combate estelar, gracias al sonido de las explosiones y el bisbiseo de los rayos láser. Y es que todo eso es físicamente imposible.
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El autor, profesor de física y novel en cuestiones de divulgación a gran escala, repasa la iconografía cinematográfica más al uso en el género de la ciencia ficción, y la usa para extraer sencillas y populares lecciones de ciencia real. Por estas páginas pasan cañones de rayos láser y espadas de luz que dan cuenta de la ciencia del láser y sus verdaderas aplicaciones en la vida terrestre y mortal; se analizan los viajes interestelares made in Hollywood para, acto seguido, explicar cuán pequeña es la capacidad humana de llegar mucho más allá de Marte (para alcanzar la estrella más cercana a la Tierra después del Sol, Proxima Centauri, serían necesarios 2.800 años de viaje y combustible equivalente a toda la masa de la Vía Láctea; eso, si nos decidiéramos a no frenar ni una sola vez...). Vuela Superman y se nos cuentan prodigiosas ecuaciones de aerodinámica (sin transcribir un solo número, cosa que los lectores agradecemos). Se habla de visitantes alienígenas con todo el escepticismo tecnológico que un buen físico puede poner en el empeño. Etcétera. Con este juego, el lector se divierte casi tanto como viendo una secuela más de Star Trek.