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'POR SENDEROS QUE LA MALEZA OCULTA'

La literatura nazi en Europa

Después de una guerra siempre hay procesos de represión contra los defensores del bando derrotado. No fue distinto tras la Segunda Guerra Mundial, cuando, junto con nazis, miembros de la Gestapo y colaboracionistas responsables de la muerte de adversarios e inocentes, se produjo la persecución de varios intelectuales que simpatizaron con Alemania durante la contienda.


	Después de una guerra siempre hay procesos de represión contra los defensores del bando derrotado. No fue distinto tras la Segunda Guerra Mundial, cuando, junto con nazis, miembros de la Gestapo y colaboracionistas responsables de la muerte de adversarios e inocentes, se produjo la persecución de varios intelectuales que simpatizaron con Alemania durante la contienda.

En Francia, Maurice Pujo fue condenado a cinco años de cárcel, y Charles Maurras –que tenía casi 80 años– a cadena perpetua y a ser expulsado de la Académie (los académicos tuvieron la decencia de no nombrar un sucesor hasta su muerte, ocho años más tarde); mientras que Céline tuvo que marchar al exilio en Dinamarca –posteriormente se benefició de una amnistía–. En Alemania, a Jünger le prohibieron publicar durante cuatro años, y a Heidegger enseñar durante seis. Ezra Pound se pasó preso 13 años. La lista es larga y bochornosa.

Uno de los casos más sonados fue el de Knut Hamsun, premio Nobel de Literatura y uno de los novelistas más brillantes del siglo pasado.

Imbuido del espíritu neoromántico que se plasmaría en el Blut und Boden y una germanofiia que le acompañó desde su juventud, Hamsun vio con buenos ojos el auge de la Alemania hitleriana. En 1943, después de regalar su Nobel a Göbbels, consiguió una audiencia con Hitler. Cuentan las crónicas que Hamsun se pasó la audiencia reclamando la liberación de ciudadanos noruegos, y que el Führer tardó tres días en reponerse de la cólera que le produjo aquel sujeto que parecía ignorarle por completo (Hamsun era sordo).

Hamsun siguió firme en su germanofiia; incluso escribió un panegírico de Hitler tras la muerte de éste. Los aliados ganaron la guerra y él vio cómo pasaba de héroe a apestado nacional: la turba quemó sus libros en la calle, y fue arrestado a los 86 años. Pasó tres entre un manicomio y un centro de ancianos, hasta que por fin un juez dictó sentencia: se le consideró oficialmente demente, y se le impuso el pago de una multa.

Por senderos que la maleza oculta es el texto que escribió Hamsun durante sus tres años de cautiverio. Queda claro tras leerlo que estaba en pleno uso de sus facultades mentales... y literarias. Es un texto que refleja el deterioro de un hombre viejo pero sano que, tras soportar numerosos exámenes y manipulaciones psiquiátricos, acaba hundido.

En estas páginas se refleja el lento pasar del tiempo de su cautiverio. Habla Hamsun de Silvio Pellico, que estando entre rejas adoptó un ratón.

Yo escribo sobre algo parecido, por temor a lo que pudiera sucederme si escribiera sobre otra cosa.

Con un estilo lleno de silencios, de realidades que se esconden bajo la superficie, Hamsun nos narra episodios como el del juez que le preguntó si le parecía que el alemán era un pueblo culto. Hamsun no contestó. Igual de arbitrario será el resto del proceso, con inexplicables cancelaciones y recovecos. Cuando la justicia se pone al servicio del poder y juzga a sus ciudadanos por motivos políticos surge el esperpento. Mientras, Hamsun se hunde en la depresión:

También mi padre tuvo una vez un hijo prometedor.

Recuerda algunos momentos de su vida, habla con alguna gente, se justifica diciendo que con sus artículos creía estar haciendo lo mejor para Noruega. Pasada la histeria inicial, es evidente que el gobierno noruego quiere acabar con el problema, y a los tres años llega la condena referida. ¿En qué país deben pagar los enajenados por serlo? La guerra lo justifica todo.

Como señalaron en su día Thomas Mann, Isaac Bashevis Singer o Ernest Hemingway, la prosa de Hamsun es indispensable. Tenemos los lectores en castellano la inmensa suerte de que se encarguen de sus traducciones Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, cuyo trabajo es siempre impecable. Por senderos que la maleza oculta no es una novela como Pan, La bendición de la tierra o la Trilogía del vagabundo, obras maestras de Hamsun, sino un texto heterodoxo que mantiene muchas de las esencias de esos otros escritos.

Si bien conserva su capacidad para crear una atmósfera, para observar y plasmar las sensaciones que experimentan todos los hombres en todos los lugares del mundo, aquí Hamsun lucha por aferrarse a las pequeñas disciplinas diarias de sus personajes. A pesar de que se adivine su desánimo, Hamsun confía siempre en que su "prudencia campesina" lo ayude a salir adelante, y hace sinceros esfuerzos por no caer en la autocompasión.

Aunque asistir a esta lucha resulte a menudo desgarrador, leer al genio noruego es obligación del aficionado a la buena literatura.

 

KNUT HAMSUN: POR SENDEROS QUE LA MALEZA OCULTA. Nórdica (Madrid), 2012, 160 páginas. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo.

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