![]() | Para sustentar su postura ideológica, en el primer capítulo de su nuevo libro: La tentación Liberal. Una defensa del orden establecido, Miquel Porta Perales arrima a sus ascuas las palabras introductorias del pensador judío alemán Franz Rosenzweig (1886-1929) a La estrella de la redención.
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Miquel Porta Perales se aposenta en el realismo y defiende el orden liberal para hacer frente a la pretensión de "universalizar el ideal de la Ilustración", que, inaugurado con la Revolución Francesa, influyó principalmente en las doctrinas socialistas y nacionalistas y amenaza con campar a sus anchas en el siglo XXI. Pone en entredicho el papel desempeñado por los intelectuales. De los ilustrados españoles del siglo XVIII, en primer lugar, distanciados de la realidad y empeñados en superar la ignorancia de un pueblo anclado en el pasado, y de cuyos desencantamientos y contradicciones Goya tomó buena nota. Pero, sobre todo, "de la mala fe sartreana del intelectual comprometido", es decir, de aquel intelectual expendedor de buena conducta ética o política (léase Bertolt Brecht o Jean-Paul Sartre, sin ir más lejos, o más cerca) para el que la denuncia del sistema liberal y la defensa de la Razón universal, la nueva religión laica, devinieron verdades morales incuestionables. Repasa los daños concretos de esos sueños de la Razón: el comunismo, llámese República Democrática Alemana, República Popular China, Camboya, Cuba, Nicaragua o la España de la Segunda República, y el nacionalismo, analizado a partir del caso catalán y del catalanismo imbuido de esencias de identidad y purezas lingüísticas. En definitiva, como decía Hannah Arendt, ideologías que, en tanto que se constituyen como interpretaciones totales del mundo, conducen inevitablemente al totalitarismo, "forma de redención por decreto".
Cuidado con las propuestas, típicas de la izquierda, de redistribución de la riqueza, porque la pobreza se elimina creando riqueza y porque puede conducir, vía sindical, a "una ética de la contemplación y la indolencia que, para más detalle, considera un valor en sí el hecho de vivir subsidiado gracias a los impuestos de quien trabaja". Defensa contra la tentación populista y el caudillismo que tantos estragos está haciendo en América Latina (Cuba, Venezuela, Bolivia) y defensa de la globalización capitalista, que, además de aumentar los ingresos de los ricos, aumenta los de los pobres, y ataque a los planes proteccionistas, como la Política Agraria Común, que incrementa el precio de los alimentos autóctonos y penaliza la exportación desde países del Tercer Mundo. Impulso de la energía nuclear y de los alimentos transgénicos. Resistencia ante los cantos de sirena del pacifismo, más que divulgado, obligatoriamente impartido en centros educativos de ¡primaria y secundaria!, porque, siguiendo a Robert Walser, "en determinadas ocasiones, la defensa de la libertad y la vida digna justifica el derecho a la violencia y a la guerra". Derrota del terrorismo islamista. Y por último, a mi juicio, los temas más esquivos: inmigración y feminismo. No porque no se puedan defender las posiciones que reclama Miquel Porta Perales, sino porque creo innecesario argumentarlas con discursos biologicistas tales como el "recelo ante los extraños", a partir de los textos del biólogo Edward O. Wilson, y la vuelta a la división del trabajo en función del sexo, aunque, por supuesto, podríamos debatir al respecto. Estoy convencida de que el autor consideraría un insulto el acuerdo total. Nada que alegar respecto a la necesidad de organizar la convivencia de una forma razonable en detrimento de la política de puertas abiertas y papeles para todos, la igualdad de oportunidades y la libre decisión del individuo.